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Andrés Malamud

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Iberoamérica en el nuevo contexto geopolítico

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Andrés Malamud

Estados Unidos planifica en el espacio; China, en el tiempo. Mientras los norteamericanos disputan territorios con soldados, los chinos conquistan el futuro con tecnología.

Estados Unidos tiene al petróleo como base de su matriz energética: es el primer productor del mundo y se autoabastece. China, inicialmente más atrasada, redujo su dependencia del carbón del 90% al 50% de la matriz energética, que está crecientemente diversificada hacia fuentes renovables. Petroestados vs electroestados: así es como el historiador Nils Gilman define a la disputa en curso por la supremacía global.

Estados Unidos tiene el privilegio de la distancia y dos océanos que lo protegen de potencias hostiles. China vive rodeada de enemigos: los terrestres tienen armas nucleares, los marítimos están aliados con la potencia rival. Sin embargo, en el siglo XXI Estados Unidos ya inició tres grandes guerras, mientras China lo hizo por última vez en 1979. A veces la fortuna no enseña sino que pervierte, mientras que la necesidad educa.

Estados Unidos sostiene su supremacía por medios geopolíticos: sanciones, bombardeos e invasiones. China construye su ascenso por medios geoeconómicos: inversiones, préstamos y comercio. Ambas potencias están impulsadas por el autointerés, pero una es más coercitiva que la otra.

Estados Unidos es la potencia establecida; sin embargo, en los últimos tiempos se ha convertido en un productor de inestabilidad global. China es la potencia desafiante; sin embargo, su estrategia de largo plazo requiere estabilidad. En contraste con el pasado, hoy la potencia dominante es revisionista mientras la potencia desafiante aparece satisfecha con el statu quo.

¿Cómo se posiciona América Latina en este mundo dado vuelta?

Cuando las grandes potencias disputan la supremacía, los demás países tienen tres opciones: alinearse, resistir o permanecer neutral. En el hemisferio occidental, alinearse significa asociarse con Estados Unidos; resistir exige asociarse con la potencia rival, fuera la Unión Soviética en el pasado o China en el presente; y neutralidad implica hacer negocios con los dos sin casarse con ninguno.

La decisión de cada país depende de sus preferencias y de sus recursos. Las preferencias se conectan con el cálculo: ¿qué gano y qué pierdo con cada opción? Los recursos entran en juego cuando las potencias imponen costos a quienes las enfrentan. Así, durante la Guerra Fría, Estados Unidos impulsó golpes de estado y la Unión Soviética levantamientos guerrilleros contra los gobiernos que se les oponían. Las zanahorias siempre fueron más escasas.

La capacidad de un país latinoamericano para decirle “no” a una gran potencia depende de tres factores o recursos: escala, distancia geográfica y cohesión interna. La escala es clave: Brasil, México y Canadá tienen una dimensión demográfica y económica de la que los demás carecen. Grandes mercados sostienen grandes estados. La distancia también cuenta: cuanto más cerca de una potencia, menor el margen de maniobra. México y Canadá tienen sus opciones limitadas, así como las tienen Ucrania en Europa y Taiwan en Asia, porque la capacidad de daño de Estados Unidos es inmediata; Brasil, en cambio, tiene más juego. Finalmente, la cohesión interna de una sociedad y sus elites permite sobrellevar costos y evitar traiciones, aumentando la autonomía nacional.

Para los países más chicos, más cercanos geográficamente a Estados Unidos o más fragmentados internamente, entonces, la cuestión no es alinearse o no, sino cómo. La habilidad de sus gobernantes y diplomáticos puede mejorar las condiciones en que se tramitará la dependencia inevitable. Inversamente, su incompetencia impediría capitalizar los beneficios que un alineamiento activo, inteligente y negociado, puede ofrecer.

En el mundo conflictivo y turbulento del siglo XXI, América Latina constituye una de las regiones más estables. Con un buen cálculo de oportunidades y una gestión competente del riesgo, el futuro ofrece un abanico de opciones limitado pero más promisorio que en los continentes donde caen las bombas.

Andrés Malamud

Andrés Malamud

Investigador principal en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa

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